Luis Miguel regresó a Venezuela y te contamos lo bueno y lo no tan bueno de su espectáculo

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Pasaron aproximadamente 12 años para que “El Sol de México”, Luis Miguel, se permitiera incluir nuevamente a Venezuela en su agenda de conciertos y ¡por fin llegó el día! 

Este 12 de febrero, en las instalaciones del Estadio Monumental Simón Bolívar se llevó a cabo el evento que logró reunir a más de 40.000 personas, con un mismo objetivo: ver al ídolo internacional, corear sus canciones, enamorarse y guardar en sus memorias este gran momento. 

Un poco pasadas las nueve de la noche, justo cuando el reloj marcaba las 9:21 pm, para ser más exactos, Luis Miguel apareció en el escenario, con una sonrisa de par en par, contagiando de buena energía al público presente.

“Será que no me amas”, “Amor, amor, amor” y “Suave” fueron las primeras canciones que interpretó LuisMi, éxitos que mantuvieron al público de pie y cantando a todo gañote. Posteriormente tocó el turno de “Culpable o no”, “Te necesito”, “Hasta que me olvides” y “Dime”.

Mientras Luis Miguel protagonizaba este show inolvidable, el juegos de luces se convirtió en el complemento perfecto para la puesta en escena que, también estuvo acompañada de un sonido impecable. 

El público asistente dejó a un lado los asientos y mientras tanto grabó, cantó y se emocionó con el espectáculo que logró durar poco menos de dos horas. 

Luis Miguel puso punto final a su show con un popurrí de “Ahora te puedes marchar”, “La chica del bikini”, “Isabel” y “Cuando calienta el sol”, posteriormente se despidió del público lanzando besos al aire y saludando con la mano. 

Lo no tan bueno… 

Muchos de los asistentes al concierto comenzaron a llegar al Poliedro poco antes de medio día y es que, ese fue el espacio dispuesto para estacionar la mayoría de los carros, pero la sorpresa que se encontraron fue el cobro de la estadía, pues mantenían una tarifa de 20$ por vehículo. Luego de que fue llegando más gente, las quejas se hicieron más fuertes, por lo que decidieron bajar la tarifa a 10$. Además, los primeros en llegar fueron ubicados en los últimos puestos, por lo que a la hora de salida quedaron de últimos. 

En cuanto al acceso peatonal para las propias instalaciones del Monumental, quienes tuvieron la oportunidad de entrar por la carretera Panamericana no tuvieron mayor contratiempo, mientras que la mayoría del público, que contaba con boletería general, entraba por la parte baja del estadio, sí se vivió una bochornosa organización. 

El público recorrió una fila que se extendía desde las puertas del estacionamiento del Poliedro hasta la parte baja de El Hipódromo, para luego volver a subir y dar con la carpa dispuesta en la entrada del estadio Monumental. En medio de todo este recorrido no se encontraron con ningún control de acceso, sino hasta la carpa, en la cual se encontraban unos stands con los nombres de las áreas de los asientos, el mismo público se fue organizando y así obteniendo su brazalete de acceso.

Vale acotar que, en este reducido espacio entraban unas cientos de personas, aglomeradas y sin aire acondicionado. En este punto, supuestamente se debían completar las tareas del brazalete y la requisa de bolsos, pero la segunda pasó con muy pocos visitantes y es que el equipo de protocolo no se lograba dar a basto entre tantas personas y optaban por dejarlos pasar sin mayor problema. 

Ya dentro del estadio las quejas de los asistentes no fueron mayores, pues disponían de baños limpios, un sinfín de opciones para comer y beber, aunque unos tantos sí reclamaron el sobre precio de los productos y de la mismísima moneda nacional, y es que en algunos establecimientos se atrevieron a cotizar el dólar en 39 Bs. , a pesar de que ni siquiera el “dólar paralelo” alcanza ese monto.

Haciendo referencia a la asignación de puestos, la mayoría estaba tranquilo, pues es algo que ya se tiene claro a la hora de adquirir el boleto; no obstante, muchos de los que estaban ubicados en la zona Diamante y Diamante VIP, es decir, en el terreno del estadio en sillas movibles, sí se quejaron porque el personal de protocolo no tenía tan clara la ubicación de las mismas, por lo que sentaban a las personas en donde mejor les parecía y cuando llegaban los verdaderos dueños de los puestos se creaba la discordia. Mientras que otros tantos, no conformes con su vista al escenario, tomaron las sillas y las movieron a mejores lugares.

Para concluir, una de las últimas quejas de la noche fue que Luis Miguel no interactuó durante su presentación, muchos se quedaron con las ganas de escuchar tan solo un “buenas noches”.

Otros lo defienden y alegan que eso también forma parte de su show. 


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