El plan era otro. Miles de personas tenían entrada para ver a Robbie Williams por segunda vez en Lima, pero el show se canceló a última hora del 24 de septiembre y, hasta ahora, la producción no ha explicado por qué. Lo normal en estos casos es un comunicado seco y un artista que desaparece hasta la siguiente ciudad.
Robbie hizo exactamente lo contrario.
Frente a su hotel se habían juntado cientos de seguidores esperando noticias. En algún momento empezaron a cantar sus canciones por su cuenta, y el británico, que tiene fama de no poder resistirse a un público entregado, bajó a la calle y se sumó al coro. Así, sin tarima, sin luces y sin banda.
El video, que ya circula por todas partes en redes, lo muestra rodeado de gente cantando «Angels» y «Feel», dos de los temas que cualquiera que haya pasado por los 2000 se sabe de memoria (aunque diga que no). Lo que iba a ser una noche de frustración terminó en un karaoke colectivo que, siendo honestos, probablemente se recuerde más que el concierto que no fue.
No es la primera vez que un artista rescata una cancelación con un gesto así, pero pocas veces sale tan bien. Hay algo en la escena, el ídolo en la acera, la gente con el teléfono en alto, que conecta más que cualquier producción millonaria. Y claro, también funciona como el mejor control de daños posible: nadie se va a quejar mucho de una fecha caída después de haber cantado «Angels» a medio metro de Robbie.
Queda pendiente saber qué pasó con el segundo show y si habrá reprogramación para quienes se quedaron con la entrada en la mano. Para repasar la carrera del exintegrante de Take That.

