Otra vez lo retro manda la moda del momento, y esta vez el protagonista es el lente bug-eye, ese de marco redondo y exagerado que casi te tapa media cara. La tendencia venía calentando en las pasarelas de Celine y Bottega Veneta, y ahora llegó para quedarse este otoño.
La gracia del bug-eye está en la desproporción: marco dramáticamente oversized, lentes profundos, curvos, con una cobertura de superficie que ningún lente clásico se atreve a dar (sí, prepárate para que te pregunten si vienes de una película de los años setenta). Y aunque el estilo pinta atrevido, hay opciones para todos los bolsillos.
Para quien quiere probar sin comprometerse: los Quay Impromptu bajaron a 49 dólares (48% de descuento sobre los 95 originales), los Tijn Iliyan están en 30 dólares (rebajados de 60) y los Free People Arlo, también en 30. En el rango medio aparecen los Le Specs Dreamboat (85 dólares) y dos versiones de Warby Parker, el Bix y el Carmel, ambas en 95. Y para quien no está para descuentos, la gama premium trae los Jimmy Fairly The Aela (148 dólares) y los Quay No Comment (125).
La recomendación del reporte es simple: si vas a invertir en un bug-eye, que sea en negro o acetato tortuga, versatilidad ante todo, porque no todos los días amanece con ganas de un lente extravagante. Y si el marco redondo no es lo tuyo, la misma ola trae alternativas menos intensas: aviadores exagerados o cat-eye, según lo que le siga el juego a tu rostro.
Lo cierto es que cuando dos casas como Celine y Bottega Veneta empiezan a mandar el mismo mensaje, no es casualidad. El bug-eye ya dejó de ser un capricho de pasarela y se instaló en la calle, con precio para cada quien.

